ECONOMÍA CIRCULAR, EL PERÚ YA ES PARTE DEL CICLO

  • 25 Sep, 2019
  • 0

Desde la Revolución industrial, las economías mundiales han adoptado una concepción lineal de la misma, la cual se basa en el modelo de “tomar, fabricar y disponer”. Este modelo económico está sustentado en la disponibilidad de grandes cantidades de energía y recursos de fácil acceso. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, una economía lineal donde las empresas toman materiales, fabrican y disponen productos, aumenta su exposición a riesgos tales como los precios volátiles de los recursos, las interrupciones del suministro, así como la generación de desperdicio significativo, lo que ocasiona problemas ambientales y de salud (ver Semanario 983).

La economía circular plantea un cambio de enfoque a un modelo que promueva el uso regenerativo de materiales y ofrezca oportunidades significativas para un mayor crecimiento económico, ahorro para las empresas, creación de empleo e innovación en la producción. Es un modelo que maximiza la eficiencia de los recursos para ser más competitivos y proteger el medio ambiente (ver Semanario 931). Su objetivo es utilizar menos recursos al ser más eficientes y reducir la cantidad de desechos mediante su reintegración al ciclo productivo.

Con este marco teórico claro, nos preguntamos ¿cómo va el Perú? ¿En qué sectores se están impulsando más iniciativas de sostenibilidad? ¿Qué barreras existen para que nuestro país avance en el ciclo de la economía circular?

El Ministerio del Ambiente (Minam) tiene el compromiso de fomentar el uso sostenible de los recursos naturales y conciliar el desarrollo económico con la sostenibilidad ambiental. En consecuencia, se aprobó la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos, mediante el Decreto Legislativo 1278, que promueve un nuevo marco conceptual por el cual los desechos de una actividad industrial se conciben como materia prima para otras industrias que puedan darle valor agregado. Además, el Minam coordina con otros organismos gubernamentales, como el Ministerio de la Producción, para asegurar que los esfuerzos de promoción y regulación del uso de materias primas y gestión de residuos puedan ser articulados de manera efectiva con la industria nacional.

CUELLOS DE BOTELLA PARA EL RECICLAJE

Uno de los casos de mayor avance en el manejo de residuos y su reutilización en la industria es el de los plásticos. Por ejemplo, la Ley 30884, que regula el plástico de un solo uso y los recipientes o envases descartables, es un ejemplo claro del rumbo hacia el cual apunta el Minam en términos de alinear incentivos y proveer un marco regulatorio acorde. Sin embargo, existen deficiencias en la cadena productiva del plástico que limitan los beneficios de este tipo de políticas.

De acuerdo con cifras de la Sunat, la importación de plástico para la industria en 2018 alcanzó los 1.2 millones de toneladas entre materias primas (84%) y manufacturas y semimanufacturas (16%). Estos insumos son procesados para la fabricación y consumo en la industria, la cual produjo 1.1 millones de toneladas divididas en bienes de plástico con vida útil mayor a 1 año (22%) y residuos (78%).

De esta producción, un 21% es exportada, con lo cual el 79% (880,000 toneladas) termina como desperdicio. De este monto, de acuerdo con cifras del Grupo Gea, el 94% termina en rellenos sanitarios y botaderos, mientras que tan solo un 6% es revalorizado por el Gobierno local o comercializado por recicladores. Cabe resaltar que únicamente este pequeño porcentaje reingresa al ciclo industrial para su utilización como materia prima. En esta etapa, el cuello de botella en el ciclo del plástico es generado por la alta informalidad de los centros de acopio. De acuerdo con cifras del Minam, el 82% de los centros de acopio a nivel nacional y el 83% en Lima Metropolitana son informales.

Así como en otros sectores poco competitivos, la industria del plástico también adolece de barreras estructurales relacionadas con la informalidad que afectan a toda la cadena productiva, desde la generación de materia prima, su colocación en el mercado nacional, la transformación en productos finales y la venta al consumidor final.

Por el lado de la generación de insumos o materia prima, es decir, residuos plásticos revalorizados para ingresar nuevamente en la industria, la informalidad bajo la que operan los centros de acopio genera sobrecostos de reclasificación, comprometen la calidad del producto final y genera externalidades que afectan la vida de aquellas personas que dependen de esta actividad y habitan en los alrededores de botaderos o centros de acopio ilegales. Además, la informalidad del reciclaje limita la incorporación de material reciclado en la cadena de valor de la industria, así como impide realizar la trazabilidad legal del insumo. Según cifras estimadas por el Grupo Gea, el 71% del plástico que reingresa a la cadena productiva tiene procedencia informal.

El concepto de economía circular es bastante amplio, y la industria de plásticos es solo la punta del iceberg en lo que a sostenibilidad se refiere. Promover la cultura del reciclaje y sostenibilidad debe ir de la mano con una política clara de formalización de acopiadores que aseguren la calidad del producto y facilite la adopción de políticas de sostenibilidad en las industrias manufactureras. El reciclaje y reutilización de residuos sólidos es solo el inicio del ciclo en la economía circular, uno en el que Perú ya ha dado pasos importantes, pero que aún no ha llegado a alcanzar la cresta de la ola.

Fuente COMEXPERU