PESCANDO MEJORAS EN PERU

  • 26 Sep, 2019
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Según cifras de la Sunat, entre los meses de enero y junio de este año, la pesca no tradicional ha continuado ganando terreno sobre la tradicional en materia de exportaciones. En dicho periodo, los productos tradicionales (aceite y harina de pescado) representaron el 58.4% de los envíos del sector (US$ 1,357 millones; +1.3%), mientras que los no tradicionales, el restante 41.6% (US$ 968 millones; +4.9%). En su totalidad, la pesca equivale un 8.9% del total exportado, con un valor de US$ 2,324 millones, que refleja un aumento del 2.7% con respecto al mismo periodo de 2018. Cabe mencionar que dicho resultado no representa un crecimiento significativo respecto al último pico del sector para dicho periodo, que fue en 2012 (US$ 2,165 millones). ¿Qué es lo que está impidiendo su crecimiento?

EL SECTOR A LA FECHA

En el desarrollo de la actividad pesquera marina, es evidente que existen limitaciones naturales, como los cambios en la biomasa marina y las condiciones climatológicas y oceanográficas, las cuales imponen barreras naturales a su dinamismo. Por ejemplo, según informes del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), a principios del presente año, la extracción de anchoveta se vio frenada por el desove y la presencia de especímenes juveniles en las principales zonas de pesca. Esta especie representa prácticamente la totalidad de la producción pesquera industrial en el país, la cual significa el 62.2% de la producción total del sector y se emplea para la fabricación de aceite y harina de pescado. En consecuencia, el sector pesquero ha evidenciado una caída del 33.6% entre enero y mayo con respecto al mismo periodo de 2018, lo que se tradujo en una contribución negativa a la evolución del PBI de 0.2 puntos porcentuales (pp) durante los primeros cinco meses del año, en promedio.

No obstante, en los meses de junio y julio, el INEI muestra que la pesca ha retomado tasas de crecimiento positivas, impulsadas por la captura de especies marinas, tanto para consumo humano directo (+19.7% y +232.6%, respectivamente) como indirecto (+3.9% y +23.9%). Dichos resultados se debieron principalmente a los desembarques de anchoveta, que alcanzaron el 88% (junio) y el 100% (julio) del límite máximo de captura permisible establecido para la primera temporada de pesca de 2019. También cabe mencionar que, entre enero y julio, la pesca continental (aquella referida a la no marítima) ha crecido un 17.9% con respecto al mismo periodo del año pasado; sin embargo, esta actividad solo representa el 4.5% de la producción pesquera. 

¿CÓMO PODEMOS MEJORAR?

Un aspecto indispensable para asegurar un dinamismo sostenible del sector es proteger la sostenibilidad de nuestros recursos marinos. Respetar los periodos de desove y reposo, así como la lucha contra la pesca ilegal realizada en zonas, periodos o con métodos prohibidos son prácticas clave en este esfuerzo. En lo que respecta a la segunda, de acuerdo con el informe sobre producción ilegal de harina de pescado en el Perú, realizado por Oceana, solo en Pisco existen diez plantas ilegales que anualmente producen harina de pescado por un valor equivalente a US$ 32 millones, sin ningún tipo de autorización.

Con relación a la pesca ilegal, cabe resaltar que el Ministerio de la Producción, en conjunto con la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (Dicapi), trabaja constantemente en la lucha contra la extracción ilegal de recursos hidrobiológicos. Este año se han invertido US$ 3.4 millones en dos patrulleras marítimas y US$ 2.8 millones más en una estación de vigilancia electrónica en Tumbes, y se han decomisado más de 32 toneladas de recursos extraídos ilegalmente. Sin embargo, el gasto para combatir la pesca ilegal en nuestro país también ha afectado indirectamente a los pescadores formales y las grandes empresas del sector. Tal como detallamos en el Semanario 941, el informe Comparación de cargas tributarias y algunas obligaciones legales del sector pesquero, encargado por la Sociedad Nacional de Pesquería a la consultora Ernst & Young, revela que las empresas pesqueras pagan aproximadamente el 50.4% de su utilidad operativa en contribuciones obligatorias, entre las cuales está incluido el pago al programa de vigilancia y control. ¡Esto supera a las contribuciones del sector minero en 3.8 pp! Como ya hemos expresado, la lucha contra la pesca ilegal es de suma importancia, pero colocar esta carga económica sobre los hombros de las empresas formales disminuye su competitividad e incentiva la creación de plantas ilegales que no pagan contribuciones.

Como afirma el presidente de la Junta Directiva del Foro Hispanoamericano de Intercambio de Información sobre Temas de Mar, Francisco Miranda, el prejuicio de que la industria pesquera depreda los recursos marinos ha llevado a políticas que perjudican a los empresarios del sector, quienes son los más interesados en asegurar la sostenibilidad de los recursos marinos. Una política muy cuestionada en este aspecto es la prohibición de la pesca industrial entre la milla 5 y la milla 10. Según el informe La anchoveta y la ordenación de su pesquería en el contexto de la dinámica del mar peruano, realizado por el Instituto del Mar del Perú, esta medida resulta innecesaria, puesto que la pesca industrial no afectaría la actividad desovante en esta zona siempre que se respeten los periodos de veda. Por lo tanto, esta medida sin sustento técnico continúa mermando la competitividad del empresario formal y beneficia a los productores de harina ilegal que, según Oceana, suelen comprar sus insumos de pescadores no industriales.

¡Formulemos políticas para dinamizar el sector formal, no para reprimirlo!

FUENTE: COMEXPERU