¿Puede convertirse España en una de las potencias logísticas del futuro?

  • 07 Jul, 2022
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El año 2020 trajo una revolución en los hábitos globales de consumo que ha transformado para siempre campos como el del comercio digital o el transporte de mercancías. En las fases de confinamiento y teletrabajo, las compras digitales de productos de primera necesidad supusieron un rito de paso para millones de ciudadanos de todo el mundo. Les ayudaron a cruzar una barrera invisible y asomarse a la rutina del comercio electrónico.

Hoy compramos todo tipo de bienes en plataformas digitales, y da igual que nos los traigan de EE UU, Latinoamérica o el Sudeste asiático. Tenemos la certeza de que llegarán a nuestro domicilio en cuestión de muy pocos días, tras ser empaquetados en origen, subidos a un contenedor e integrados en una red de transporte cada vez más sofisticada, concurrida y porosa que cruza todo el planeta. Estamos ante la red de transporte comercial más tecnificada, optimizada y eficiente de la historia. Y nuestro país tiene muchos números para situarse en el epicentro de esta revolución mercantil de amplio espectro.

Un campo de actividad de auge

El de la logística es un sector que da trabajo a cerca de 700.000 profesionales en España, más de 950.000 si consideramos al conjunto de las empresas que centran sus actividades en la cadena de suministro, del aprovisionamiento y transporte al almacenaje y la distribución capilar, pasando por el empaquetado, la carga aérea o la movilidad urbana. Se trata de un sector pujante, en pleno proceso de transformación tecnológica, y que ahora mismo supone el 6% del PIB nacional.

En opinión de Eduardo Herrera, director de Operaciones en Correos, “para lograr que España se convierta en un referente internacional en cuanto a logística, es clave avanzar hacia cadenas de suministro ágiles, digitalizadas y transparentes para los usuarios finales”. También considera importante “minimizar barreras administrativas y simplificar procedimientos de importación y exportación (por ejemplo, los trámites aduaneros), así como seguir trabajando en una óptima trazabilidad de los productos y en la eficiencia de los procedimientos”.

Para Francisco Aranda, presidente de la patronal UNO Logística, el diagnóstico es claro: nuestro país está en una situación inmejorable para consolidarse en los próximos años como uno de los principales centros neurálgicos de transporte y distribución de mercancías a nivel mundial. Un hub, en definitiva, si recurrimos a la expresión informática (cada vez más común en el mundo de los negocios) que se utiliza para los dispositivos que concentran la energía de una red y la amplían.

La inflación desbocada, los cuellos de botella que ha venido sufriendo la cadena global de suministro e incluso el clima de incertidumbre generado por la guerra de Ucrania son obstáculos coyunturales que desaparecerán a medio plazo. Lo que quedará, en opinión de Aranda, será un sector que se transforma a marchas forzadas para hacer posible “una cadena de suministro más corta, completamente digitalizada, más próxima al cliente final”, y no basada tanto en la reducción de costes como “en la eficiencia, trazabilidad y garantía de entrega”.

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